Un pozo, un sueño

16/05/86

 

 

El vehículo en que viajábamos se adentró en el desierto. Todos estábamos deseando poder acariciar con los ojos las maravillas, que este intencionado mar dorado nos ofrece.

 

Hasta este momento ha sido tal el calor que hemos sufrido, que nos parece imposible poder superarlo, pero ahora, tan solo con la visión de la brillante arena, nuestro termómetro particular quieres salir a respirar aire puro. Nuestras ropas empiezan a empaparse, incluso el aire acondicionado, ha quedado tan sorprendido ante tal fuego que no se atreve a refrescar.

 

La carretera esta casi borrada, y la arena reclama todo el espacio que alcanzan nuestros ojos. En el horizonte, se dibuja un pueblo, rojo como el azafrán, inmóvil. En el pararemos para tomar provisiones, ya que es el último resquicio de civilización. Después de él no esta claro que es lo que nos encontraremos, los mapas marcan campamentos y aldeas ,pero hasta por lo menos dos jornadas de viaje, ninguna ciudad digna de mención donde poder ducharnos o comprar provisiones. Sin duda detrás de ese pueblo se esconde nuestra gran aventura.

 

Es increíble, el pueblo parece abandonado, no hay nadie por las calles aunque tras los huecos , que deben ser ventanas, se puede apreciar sombras que corren de un lado para otro, esto me inquieta, siento como si mil ojos me observaran tras las paredes. ¿Nos abrirán? La amabilidad de esta gente es por todos conocida.

 

La guía indica claramente que es en este pueblo donde debemos adquirir lo necesario para las próximas jornadas. Incluso tendría que haber una gasolinera .

Sin saber cómo, bajo del coche y camino como sonámbula, no hay chiquillos que te pidan caramelos, no hay nadie, no siento el calor, cada paso me parece distinto ora entre nubes doradas ora en el agua , entre flores o sobres espuma roja.

 

Al final de algo parecido a una calle veo un patio inmenso, una corriente misteriosa me arrastra, es como si su fuerza se adueñara de todos mis sentidos, y fuera ella quien caminara por mi Fuera de todo tiempo, vuelvo la cabeza, y siento como las rojizas paredes sonríen a mi paso. Hace mucho calor, siento como un fuego extraño me atenaza toda.

 

Aliviada veo un pozo de mármol blanco, su soga esta trenzada con finísimos hilos dorados, que serpentean reflejando todos sus brillos.

 

Ya estoy al borde de este maravilloso espejismo, lo toco y al hacerlo siento una frialdad semejante al roció del norte, miro el agua, fresca, transparente, quieta en su lecho. No puede ser un espejismo, es un pozo verdadero, con agua fresca que alivia los caminantes.

 

Oigo pasos a mi espalda, me vuelvo temerosa y sin darme tiempo a respirar me encuentro con una sonrisa franca y unos ojos que me tiñen toda de azul.

 

Una mano fuerte bruñida me tiende un vaso dorado, que me llevo a los labios. Totalmente confiada, hipnotizada por ese mar turquesa, acariciada toda, bebo los más exóticos momentos y el contacto con el metal se vuelve terciopelo, siento como un fuego helado recorre, primero mi boca y después mi garganta abrasada. Esos ojos me mojan toda, haciéndome nadar entre corales, vuelo por cielos púrpuras, atravieso blanquísimas cimas cubiertas de rubíes y esmeraldas, siento como mi cuerpo se desprende de todo peso, se vuelve nube de perfume, aire polvo.

Sus manos con las mías, viajan, cabalgan en hermosos corceles, galopan por valles tapizados de verdes sedas y ríos cristalinos.

De sus labios bebo las más hermosas palabras y de sus ojos los más bellos paisajes.

 

¿Quién eres?

 

Su mano toca mis labios, no comprendo ¿Qué me pasa? Ya no te oigo.

¿Quién eres?

Me mira plácidamente y sonríe , después silencio paz..........

Oye despierta, despierta mujer, no puedes perderte esto.

Mira que pozo más extraño, es todo de mármol.

¿Quién será ese joven?